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miércoles, 24 de marzo de 2010

La didáctica de la matemática

Intentaré ordenar mis ideas.

Una vez discutía con un amigo y mi principal argumento para justificar mi entrada al IPA era el de que yo quería aprender a enseñar matemáticas, no "ser" matemático (el sostenía que me convenía entrar en Facultad de Ciencias). Luego de 9 años asistiendo a esa casa de estudios me siento defraudado: no sé demasiada matemática y tampoco estoy muy alumbrado en cuestiones de transferencia didáctica (es decir si he aprendido algo es por dedicación propia o pura casualidad).

Muchas veces en mi corta experiencia como docente me han preguntado "¿para que sirve esto?" o " que sentido tiene aprender matemática en la vida cotidiana?", etc.
El ensayo de respuesta siempre toma por dos caminos 1) el de la evasión, 2) el de mostrar que es necesario.
Evadir la pregunta respondiendo cosas como "para aprobar este curso" puede ser una salida rápida pero no satisfactoria para ninguna de las partes ya que nos va dejando dentro una sensación extraña de incomodidad.
En la otra posibilidad se nos abre un abanico amplio, sin embargo caer en la óptica del utilitarismo de lo que se enseña es una aberración. Pensemos que si todo lo que uno hace lo justifica su utilidad quedaría invalidado todo acto placentero (desde el más simple al más complejo).

Aqui llegamos a un punto central en lo que quiero comunicar.

Algunas veces repondí simplemente con otra pregunta "¿Y para que sirve leer un libro?" o cosas por el estilo (un estudiante me defendió una vez diciendo "es para que abramos la cabeza"). La mayoría de mis estudiantes no lee.
Creo que poder decodificar la cultura en la que se vive es la principal función de la enseñanza a cualquier nivel, ponerla al servicio del mercado como han querido hacer los sucesivos actores políticos desde la mitad del siglo pasado es un grave error (además de ser una idea caduca).
Las ventajas que encierra el conocimiento matemático podría resumirse así: obliga a ceñirse a una secuencia lógica y estructurada, a conocer y poder manejar un lenguaje claro y simple mediante el cual se pueden representar ideas complejas. Pero además encierra otra ventaja: permite libertad, necesita que uno pueda manejar intuición y creatividad en una primera instancia para luego estructurarla siendo rigurosos.

Todavía tenemos el problema de como se puede lograr transmitir este conocimiento. En el instituto de profesores el discurso imperante es el del constructivismo, un titulo hermoso y vacío. Nunca he visto a nadie trabajar seriamente desde este paradigma. Desde esta perspectiva políticamente correcta pero sin sosten real se nos inculcan algunos errores peligrosos: creer que uno es un investigador que puede solo con todo.
No conozco ninguna publicación que alumbre sobre algún tema puntual. Desearía tener a alguien con experiencia que me comentara: "he notado que al enseñar el concepto de límite de una función es preciso insistir en tal o cual asunto", o bien: "si empezas con un ejemplo de este tipo la atención se distrae sobre otra cuestión y no lográs que se centre sobre lo que vos querés". Humildes aportes de gente que trabaja seriamente y tiene experiencia de años.

Sobre el papel que a mi entender la Inspección debería jugar me detendre otro día

1 comentario:

  1. Monsieur Camille Romarin, de ma très haute considération:

    Acaba usted de despejar una de las grandes incógnitas de la pedagogía universal, aquella cuya x = «¿pará qué sirve esto?».

    Apenas puedo aportar unas marchitas raíces a este Ruffini de debate con meras experiencias personales que puedo derivar en un «nunca me gustó la matemática pero la tuve que hacer en pro de estudiar arquitectura» y generando así, una derivada segunda: «sin embargo, aumentó notablemente mi razonamiento lógico».

    Hoy, con algunos años de edad, puedo integrar la respuesta de que esa matemática propia de la educación secundaria, sirve para potenciar el razonamiento abstracto y lógico en el desarrollo intelectual del alumno y futuro ser humano.

    Lamentablemente, este tipo de ecuaciones se despejan pasados los años y mientras, cuando el pequeño párvulo pregunte con ojos de obrero al que se le niega una huelga, para qué sirve esto: ¿qué hacer?.

    Le prohíbo desde ya, ma chère Camille, que diga «cuando seas grande lo entederás, hijo mío» o, peor aún, aplicar técnicas pedagógicas inmorales como aquella de hacer dos cosas buenas como son «aprender» y «jugar», una mala que es «aprender jugando».

    Dígale que no se van a levantar a una mina determinando el límite de una función, pero que ejercitar matemáticas es aprender a ordenar y en el orden hay rapidez. Esa rapidez de pensamiento es la que nos van a exigir muchas veces.

    Mire, m’hijo: cuando sea grande y necesite laburar para comer, no le preguntarán si sabe derivar pero le puedo asegurar que si sabe y sabe otras cosas más de este práctico, menos posibilidades de que lo puedan cagar.

    Frèdèric Durhomme.

    Escritor. Autor de libro «Uno más y no jodemos más» (ensayo sobre el último teorema de Fermat).

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